miércoles, 8 de febrero de 2017

Coworking, un nuevo espacio para emprendedores

Si eres emprendedor y, como muchos, sufres por pagar o encontrar un lugar donde puedas desarrollar tu proyecto, existe una forma de trabajo que está tomando auge, se trata del coworking.


El coworking es una forma de trabajo colaborativo en la que profesionales de una o varias áreas comparten conocimientos, espacios físicos, servicios y costos. El coworking está pensado para Pymes, emprendedores y freelancers que no tienen las capacidades económicas para rentar un espacio propio.

Dentro de estas oficinas se pueden encontrar todas las herramientas necesarias para desempeñar tus actividades, desde escritorios privados o áreas comunes, hasta salas de juntas, cocina y áreas de descanso.


Esta novedosa tendencia permite desarrollarte en un ambiente relajado y amistoso, alejándote de lo aburrido y tedioso que estar en una oficina puede ser, las ventajas de rentar espacios de coworking son varias, comenzando por el ahorro económico que representa pues existen planes que incluyen el uso de las instalaciones por cierto número de horas o por tiempo ilimitado; otra gran ventaja que puede existir es que al convivir con personas de otras áreas, tu círculo de contactos se ampliará e incluso tendrás oportunidades de crear nuevos negocios.

Después de comprender lo que es el coworking, podremos comenzar con la búsqueda del mejor lugar para sumarnos a esta increíble tendencia. Antes de elegir un espacio de coworking, debes asegurarte que las instalaciones cuentan con todo lo que necesitas para tu trabajo, especialmente la velocidad del internet y equipo, después elige el que se adapte a tus necesidades, no contrates planes que incluyan el uso de una sala de juntas que nunca ocuparás, paga sólo por lo necesario.


El coworking está revolucionando la manera en que nos desarrollamos en el ámbito laboral, generando espacios donde un nuevo estilo de convivencia emerge y otorga posibilidades de crear una necesaria división del espacio laboral y personal.

jueves, 2 de febrero de 2017

Marketing interno como agente de cambio

La gestión empresarial y los valores sociales en su conjunto han cambiado en los últimos años, y siguen cambiando: hay una pérdida de valores tradicionales como la lealtad, el compromiso, la vinculación y el sentido de pertenencia. Ya no hay sindicatos, “conciencia de clase”, pero tampoco hay sentido del vínculo con organizaciones de toda índole, y la empresa se considera un vínculo temporal y funcional.


Cualquiera que esté en selección de personal, o tenga experiencia directa en el asunto, sabe que hay escasez de recursos humanos; por eso, es importante ser capaces de retener el talento, lograr altos niveles de lealtad y vínculo, y adoptar una perspectiva cultural integral de valorización extrema de palabras como motivación y desarrollo, satisfacción integral, fidelización y lealtad. Las compañías deben redefinir las habilidades y capacidades requeridas en el personal de recursos humanos.

La moderna gestión del talento y el capital humano de las empresas se sustenta en algunos principios que deben ser interiorizados y compartidos plenamente, en especial por parte de aquellos que integran los altos mandos de la organización. Esos principios son los siguientes:

1.  El activo más valioso de una empresa es su gente; es decir, su Capital Humano.

2. El personal no es simplemente un “recurso” más de la organización: es el único factor que puede generar ventajas competitivas a largo plazo. 

3. La forma como la empresa gestiona su capital humano influye, de forma directa y significativa, en los niveles de rentabilidad de la organización. 

4. La creatividad, la capacidad de innovación, el potencial de crecimiento y desarrollo futuros, la participación de mercado y la estabilidad de una empresa dependen, sobre de todo, de su capital humano. 

Para utilizar de la mejor manera posible ese capital humano, las empresas deben desarrollar internamente las habilidades necesarias para gestionar con eficacia dos enfoques clave: la cultura de empresa y el marketing interno.

La Cultura de Empresa

Está ampliamente estudiado el impacto que tiene la cultura de una empresa en aspectos como niveles de rentabilidad, capacidad de innovación, orientación al cliente, capacidad para superar crisis internas, fidelización de clientes, niveles de calidad de sus productos o servicios, niveles de satisfacción de los consumidores, usuarios o clientes, niveles de participación de mercado, fidelización del personal, clima laboral y desarrollo humano. Se le define como el conjunto de valores, creencias, comportamientos, símbolos y experiencias comunes y compartidas que les permiten a las personas que trabajan en la empresa desarrollar una forma unificada de “percibir la realidad” y, en consecuencia, les induce a reaccionar de manera uniforme y continuada ante los requerimientos que les plantea el entorno y la propia gestión de la organización. Debemos recordar que las empresas, como grupos sociales que son, también desarrollan sus propias culturas.

Indiscutible es que incide en las distintas áreas y posee repercusiones sobre los diferentes asuntos que son propios de la gestión de una empresa. La cultura determina lo que se considera que es el “bien” (crecimiento, rentabilidad, participación de mercado, expansión, nuevos mercados, etcétera) para la empresa; en consecuencia, condiciona lo que las personas involucradas en ella consideran correcto o incorrecto.

No existen elementos de la cultura de empresa que sean universalmente positivos o negativos, buenos o malos, todo depende de la situación de la empresa y de su entorno. Pero existe un tipo de cultura que puede representar una seria amenaza para cualquier empresa: las culturas inadaptables, que si las empresas las desarrollan y consolidan llegan a una situación en la que son incapaces por sí solas de implantar los cambios que sus estructuras, operaciones, enfoques y estrategias requieren para adaptarse a las transformaciones y exigencias que les plantea el entorno. 
Para que los niveles de mando gestionen de forma consciente la cultura de sus empresas, se debe transmitir de forma eficaz a todo el personal de la organización los componentes de la “nueva” cultura. Para esto último es imprescindible la gestión eficiente del Marketing Interno, que es el conjunto de métodos y técnicas de gestión de la relación personal-empresa cuyo propósito es lograr que el personal adopte voluntaria y espontáneamente la orientación al cliente y al servicio, necesaria para garantizar altos, consistentes y estables niveles de satisfacción de los clientes con todos los  productos o servicios que comercializa la organización, de manera sostenible y rentable para la organización. 

Marketing interno eficaz

Para realizar un eficaz programa de marketing interno, es necesario recurrir a las siguientes “materias primas”: la misión y visión de la empresa, la organización, sus procesos, los factores clave para el éxito, sus objetivos, las personas, los comportamientos, los hábitos, las prácticas que se deben imitar, y el valor esperado en los procesos internos. El marketing interno debe comenzar mediante la identificación de las necesidades y expectativas del personal respecto a la empresa y a sus puestos de trabajo, para lo cual se desarrolla la investigación del clima que existe dentro de la organización, que permite comprender la dinámica relacional y de comportamiento, los tipos de intercambios que se establecen entre las personas, los grupos y sub-grupos que existen dentro de la organización (al margen de la estructura formal), las relaciones con el entorno externo, y similares. El segundo instrumento son las sesiones focales o focus group, que dinamizan grupos de personas que, al interactuar entre ellas, facilitan información sobre comportamientos organizativos y expectativas de los propios participantes. El tercer instrumento son las entrevistas individuales en profundidad. Esta información se procesa para fines de elaboración del Plan de Marketing Interno, uno de cuyos propósitos es la fidelización y lealtad de los empleados. 

Con base en una cultura de empresa alineada hacia la retención del personal y un Plan de Marketing Interno debidamente elaborado, es posible implantar un Plan de Acción Interno que eleve las posibilidades de retener a los mejores empleados y talentos, tanto a nivel operativo como ejecutivo. Para estos fines, la clave radica en los incentivos que se ofrezcan al personal que le induzcan a permanecer en la empresa. Sin lugar a dudas, entre ellos figuran los incentivos económicos, sin embargo, son muchas las empresas que han profundizado en la generación de vínculos vía incentivos no monetarios. Así, “detalles”, “obsequios”, “viajes de incentivos” y otros elementos salariales en especie, han ido ganando fuerza. Pero es fundamental que el empleado se sienta satisfecho con los factores no monetarios, relacionados con la percepción que se hace de sí mismo y de su posición e importancia en la empresa. 

Por otro lado, y más centrados en la generación de lealtad a través de la motivación-promoción y recompensa de logros individuales y/o colectivos, la empresa dispone también de algunos satisfactores que han de generar mayores índices de vínculo y sentido de pertenencia a la empresa, a través del reconocimiento y premio al trabajo bien hecho. Algunos satisfactores relacionados con los logros alcanzados en el propio trabajo, son por ejemplo, participar en cursos que permitan desarrollarse profesionalmente con miras al futuro o alcanzar un nivel de responsabilidad en el que se tenga que dirigir equipos de personas.

Fuente: Gestión



miércoles, 25 de enero de 2017

Más allá de la segmentación de mercado



Los consumidores toman decisiones cada vez más influenciadas por terceros, lo cual plantea la necesidad de cambiar las herramientas de investigación de los patrones de consumo para diferenciar las marcas en mercados atiborrados de publicidad. Los ciclos de vida y aspectos psicográficos dan buenas pautas para el camino. 

En los últimos años ha cambiado por completo la forma de comprar del consumidor. Cada día aparecen más marcas, más productos y alternativas que buscan su atención. Esto lleva a que el consumidor se sienta agobiado, atiborrado de información y opciones. Cuando esto ocurre la incertidumbre aumenta porque las personas no siempre tienen muchos criterios para contrastar productos. La solución que millones de personas han dado a este proceso inconsciente de saturación e indecisión es quitarse un poco la responsabilidad: delegan la compra en otra persona. Antes la persona iba a buscar un producto específico, según la marca con la que se identificara. Ahora, los estudios demuestran que las decisiones se toman en el punto de venta y que la influencia de un tercero (amiga/amigo, familiar o vendedor) es tal, que después de haber tomado un producto, el consumidor es capaz de devolverlo y tomar el que le recomienden si recibe un comentario como “a mí me salió muy malo” o “no me funcionó”. Esto plantea la urgencia de entender al comprador y observar más la conducta de los consumidores en el punto de venta.  

Entender la conducta de los consumidores es una preocupación que se ha salido del campo del marketing y la publicidad y se ha extendido al de la antropología, la arquitectura, la sociología, la ecología, la neurociencia, etc. Todas estas disciplinas aportan a este objetivo, lo que representa un reto a la hora de generar nuevas estrategias y mecanismos de investigación de las variables que afectan las decisiones del consumidor y sus patrones de compra. Un aspecto a considerar a la hora de trabajar en el punto de venta es a quién poner. En ese sentido, algunas empresas de sazones y productos para cocinar se han aventurado a sustituir a la promotora tradicional por señoras, más parecidas a las amas de casa, con éxito. “¿A quién le va a creer el consumidor? A quien se le parezca más”. Los vendedores han pasado de ser promotores a ser consultores porque además requieren profesionalización. Su labor ya no sólo es dar a probar y explicar las características del producto, sino ayudar a la persona a tomar su decisión, según sus necesidades. 

¿Qué debe construir el mensaje? 

Las personas tienen cada vez menos tiempo y más ganas de comprar pero menos criterio y capacidad de decisión y elección. Las empresas gastan más en publicidad, gastan más en mensajes y el consumidor rehuye: es cada vez más escéptico, menos crédulo y busca menos involucramiento en la compra. La publicidad y el marketing moderno deben llevar al consumidor a la capacidad de reconocimiento de la marca, el entendimiento de por lo menos un atributo de ella. Es mejor comunicar una sola cosa que sea convincente, clara y entendible por el consumidor. Hoy hay marcas que dicen mucho a la vez, pero da mejores resultados decir poco pero bien dicho, poco pero convincente y veraz. 

En los zapatos del consumidor

Para saber cómo llegar a los consumidores y mantener la marca hay que vivir la experiencia del consumidor. Algunas variables cambian por completo el comportamiento del consumidor. Por eso, segmentar por sexo, edad o profesión ya no es suficiente. Se hace necesario entonces complementar la tradicional tabla con otros aspectos para determinar los ciclos de vida y los aspectos psicográficos de los compradores. Hay que conocer mejor quiénes son los consumidores de las marcas y cruzar los estudios del mercado con los de preferencia del consumidor. Los ciclos de vida se cruzan con las investigaciones de AIO (actividades, intereses y opiniones) para construir las tipologías de clientes. Una misma marca suele tener unas tres tipologías identificadas, como mínimo. 

Herramientas para la estrategia

Una herramienta tradicional y efectiva es la investigación de mercado para saber qué dice la gente, qué hace, qué ha hecho y por qué actúa así. Esta información se debe cruzar con las variables de segmentación, que serán útiles en la medida en que se integren los aspectos demográficos, geográficos, psicográficos y conductuales. 

• Variables demográficas: edad, género, etnia, ingresos, clase social, educación, ocupación, tamaño de la familia, ciclo familiar, religión. 
• Variables geográficas: región, tipo de zona (urbana, suburbana, rural), tamaño de la ciudad, municipio, provincia o estado, densidad de mercado, clima, terreno. 
• Variables psicográficas: atributos de la personalidad, motivos, estilos de vida. En este renglón se ubican las actividades, intereses y opiniones. 
• Variables conductuales: frecuencia o tasa de uso del producto, fin del uso, expectativas de beneficios, lealtad a la marca, sensibilidad al precio. 

A la hora de seleccionar el mercado objetivo hágase las siguientes preguntas: 

• ¿Los problemas de consumo de los clientes o consumidores difieren lo suficiente para segmentar? 
• ¿En cuál/es segmento/s del mercado la empresa debe participar? 
• ¿Tiene la empresa los recursos y las habilidades para competir efectivamente en el mercado objetivo? 

Una vez iniciado el proceso, hay que recalificar y resegmentar continuamente para mantenerse actualizado. Es probable que el valor y la fidelidad de los clientes varíen, lo cual es natural si las estrategias son efectivas.

Fuente: Gestión